Traducción Literaria
Lunes, 18 Agosto 
Secularmente se han venido traduciendo textos de unas lenguas a otras de una manera empírica, artesanal. Esto no quiere decir que no se haya reflexionado y teorizado sobre el arte de la traducción, ni que los grandes traductores de la historia hayan dejado de proponer sus teorías, destaca el valor de la traducción en sí misma, así como de las condiciones que debe tener un buen trujamán, esto es, su amplio conocimiento de las lenguas de origen y de llegada, su identificación con el autor, su especialización en el tema sobre el que versa el texto original, su método y los secretos de sus limitaciones.
Sin embargo, ha sido muy recientemente cuando los lingüistas se han ocupado de la traducción, elevándola a categoría científica, al pasar a constituir una rama de la lingüística aplicada, que trata de explicar cómo ha sido elaborado un producto, independientemente de éste. Nace así la Traductología, destinada a formar al profesional mediante la aplicación de la experiencia acumulada, junto a la reflexión del investigador. Las teorías sobre la traducción, que fueron en un principio emitidas por estructuralistas y generacionistas, han sido apoyadas más recientemente con la contemplación de aspectos psicolingüísticos.
La traducción literaria es el campo al que se limita mi experiencia, atendiendo principalmente a textos en prosa, ya sean relacionados con la literatura imaginativa seria o bien con el pensamiento, con pequeñas incursiones al mundo del teatro, cuya problemática se ve incrementada con la inherente a la interpretación.
El traductor literario, además de enfrentarse a las dificultades que presenta toda traducción, ha de atender a la belleza del texto, a su estilo y sus marcas (lexicales, gramaticales o fonológicas), teniendo en cuenta que las marcas estilísticas en una lengua, pueden no serlo en otra. Es el caso del uso del Ud., inexistente en árabe y que puede resultar fundamental en la traducción, así como el de acertar con la expresión de ciertas marcas de respeto o de cariño (ya `ayni, por poner un ejemplo). Se ha de procurar, pues, que la calidad de la traducción sea equivalente a la del texto original, sin desatender por ello a la integridad de su contenido. De estos y otros problemas trataremos aquí(2).
