El problema terminológico

Lunes, 15 Septiembre   

Si traducir no ha sido nunca una empresa fácil, en el caso del lenguaje y de las obras de especialidad, la labor se complica todavía más, no solo por lo enrevesado que puede llegar a ser el contenido del texto que se quiere traducir, sino también por los términos que contiene, especialmente si estos no cuentan con equivalentes en la lengua hacia la que se traslada.

Algo que ha obligado a los traductores de todos los tiempos a buscar diferentes soluciones, más o menos acertadas, que han servido tanto para ir creando y configurando el vocabulario especializado, como para ir sembrando y multiplicando en él el caos terminológico.

Inevitablemente tiene que ser así, pues esas soluciones adoptadas por parte del traductor guardan una estrecha relación con su formación y el conocimiento adquirido sobre la materia que traduce, así como de las lenguas con las que trabaja; con las capacidades y medios con los que cuenta para realizar su tarea; y, por supuesto, con su sensibilidad y pulcritud para llevarla a cabo. Factores todos tremendamente variables de unos traductores a otros.